Bueno, realmente no es la hora más apropiada para estar despierto ni, mucho menos, reflexionar sobre algo. Pero la realidad es caprichosa; rara vez sigue las reglas que ella misma nos impone. Hace un rato, solo pensaba en el café que dentro de unas horas tomaré para poder asistir a clase un día más. No es solo un café, siendo exacto. Para mí, representa el inicio de cualquier suceso que tenga lugar a lo largo del día. No importa qué haga; horas antes habré removido un par de cucharadas de azúcar en ese café. Quizá podría decir que es el eje en torno al cual gira mi rutina. Sí, definitivamente es eso. El café es importante.
En cualquier caso. Ese pensamiento que describía suele ser precursor de unas cuantas horas de sueño. Pero hoy no ha ocurrido eso. Tras unas cuantas vueltas en la cama, tuve la certeza de que no dormiría esta noche. No sabría decir qué sentía en ese momento, pero curiosamente, era algo positivo. Así que con el fin de aprovechar el tiempo, elegí una serie que tenía pendiente y me puse cómodo ante el ordenador.
Californication.
Para quien no la conozca, haré un resumen. La serie se centra en la vida de Hank Moody; un escritor que, tras publicar un best-seller y separarse de su mujer, ha perdido la inspiración. Se refugia en el sexo ocasional (hecho que se muestra de forma absolutamente explícita en la serie) para no enfrentarse a sus problemas, pero no puede negar el hecho de que echa de menos a su familia, y que ésta era su verdadera inspiración.
Este es el punto en el que cualquiera diría “vaya, resulta que este muchacho solo necesita una ducha fría”. Y poniéndome en vuestro lugar, he de admitir que parece lo más lógico. Pero para mi asombro, ha ocurrido lo contrario. La serie me ha hecho reflexionar acerca de qué es importante y qué no lo es. De qué es trascendental para una persona. ¿Es importante el sexo para Hank? No. Al menos, no pasados cinco minutos desde que se escuchó el último gemido. Hank piensa hora tras hora en su mujer, en su hija, en todo lo que ha perdido. Y solo comienza a recuperarse cuando comienza una relación con otra mujer.
Ha sido una experiencia increíblemente productiva. Me interesaba más analizar el contexto de cada escena erótica que captar el erotismo en sí. Y como resultado, me he dado cuenta del error que esta sociedad ha cometido con respecto al sexo. ¿Es íntimo el sexo por definición? ¿Deben sentir algo realmente fuerte (en el sentido más metafórico posible; sé qué estáis pensando) dos personas para acabar en una cama, abrazadas y cubiertas de sudor?
No. Sin lugar a dudas, nos hemos equivocado en eso. El sexo como acto, sin connotaciones, nace de los instintos. Es satisfactorio. Es placentero. También a nivel psicológico, por supuesto. Pero no tiene por qué marcar a la persona. No tiene por qué sentar las bases de algo más. Dos personas podrían acostarse un día y continuar siendo amigos al día siguiente. Y esto debería ser considerado natural, por ellos y por todos los demás. Incluso, tratando de sacar un poco más de punta a este lápiz, podría afirmar que se crea un lazo de confianza libre de ataduras entre las dos partes; fueron sinceros el uno con el otro sin esperar nada a cambio. Y éste, señores, es un valor que deberíamos perseguir para la sociedad en la que vivimos.
No tengo mucho más que decir. Buenas noches y gracias por leer esta entrada. Espero poder responder comentarios en uno de los próximos treinta cafés.
PG^2
Escrito en Reflexiones